publicado a las 16:23 del día 20/10/06
Johann Ludwig Burckhardt nació en Suiza en 1784. Siempre quiso ir a África Occidental, y preparando una excursión al nacimiento del río Níger, se instaló dos años en Alepo (Siria). Allí aprendió a hablar árabe y a vestirse, comer, dormir y comportarse como un beduino. Se convirtió al Islam, tomó el nombre de Jeque Ibrahim bin Abdullah, y viajó por toda Siria para afinar su aspecto.En 1812, de camino entre Damasco y El Cairo, visitó Jerash, Salt, Ammán, Shobak y Kerak, donde fue "detenido" durante 20 días por el jeque local y obligado a dormir en una casa diferente cada noche para corresponder a las numerosas ofertas de hospitalidad de los aldeanos.
De camino al sur, oyó a los lugareños hablar de unas ruinas fantásticas ocultas en las montañas del valle de Wadi Musa [wadi = río; Musa es Moisés]. Dado que la gente de la región desconfiaba de los extranjeros, para poder desviarse hacia aquel lugar tuvo que idear un plan para que ni su guía ni los porteadores sospecharan de sus intenciones. Lo explicó en su diario, publicado póstumamente:
"Por tanto, pretendí haber hecho la promesa de sacrificar una cabra en honor a Haroun [Aarón], cuya tumba sabía que estaba situada en un extremo del valle, y mediante esta estratagema pensé que conseguiría ver el valle de camino a la tumba."
Consiguió examinar, aunque muy brevemente, un par de lugares incluyendo el Tesoro. Afirmó que le parecía que las ruinas podían corresponder a la antigua Petra, y concluyó:
"(...)su emplazamiento y belleza han sido calculados para causar una extraordinaria impresión en el viajero tras haber cruzado (...) un pasadizo oscuro y casi subterráneo [el Siq] (...). Se trata de uno de los vestigios de la antigüedad más elegantes que existen."
Burckhardt descubrió más tarde Abu Simbel en Egipto y exploró la ciudad santa de La Meca, pero murió de disentería en 1817, con 33 años, y está enterrado en el cementerio islámico de El Cairo.
autor: phOto
categoría: historia contemporánea
publicado a las 19:40 del día 04/10/06
El último de los tres castillos del desierto que visitaremos el día de navidad será el más importante de ellos: el qasr Azraq o castillo azul. Aunque está construido en basalto negro, recibió el nombre ya de antiguo, porque está situado en el único oasis en 12 000 km2 de desierto, en la carretera de Ammán a Iraq, a unos 100 km de la capital jordana.

El castillo es una estructura cuadrada de 80 metros de largo, amurallada y con un gran patio central. En medio del patio hay una pequeña mezquita que probablemente data de época omeya. En cada esquina de la muralla hay una torre ovoidal. La entrada principal comprende una enorme bisagra de un bloque de granito, que lleva a un vestíbulo, en el cual se aprecia, encajado o excavado en el suelo, un antiguo juego de tablero romano.
Estratégicamente, el castillo ha sido siempre importante: la única fuente de agua potable en medio de un desierto enorme. Los nabateos ya lo utilizaban para el control de caravanas, aunque lo perdieron ante los romanos en época de Diocleciano, en el siglo III. Éstos mejoraron la estructura utilizando el basalto local, lo que permitió aprovecharla para posteriores épocas y mejoras, por ejemplo en época bizantina y omeya. La mayor parte del edificio que hoy se conserva es del 1237, cuando los mamelucos rediseñaron y fortificaron la plaza.

Aparte de la guarnición otomana del XVI, el visitante más ilustre fue T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia), quien llegó en el invierno de 1917 y la convirtió en su cuartel general en la gran revuelta árabe que él mismo encabezaba contra el Imperio Otomano. Su oficina estaba en la habitación que hay sobre la puerta de entrada.
En la primera foto se puede apreciar que, sobre la pequeña (y rotunda) puerta principal, hay un par de agujeros almenados, una suerte de orificios que probablemente estaban destinados a duchar con aceite caliente a los visitantes indeseados. Algo que habría venido bien a algunos de los compañeros de Lawrence que murieron de hipotermia (no es una errata) en aquel invierno, en medio del desierto. Por su parte, uno de los supervivientes (al invierno y a la sublevación) es el antepasado del actual guardián del enclave.

El castillo es una estructura cuadrada de 80 metros de largo, amurallada y con un gran patio central. En medio del patio hay una pequeña mezquita que probablemente data de época omeya. En cada esquina de la muralla hay una torre ovoidal. La entrada principal comprende una enorme bisagra de un bloque de granito, que lleva a un vestíbulo, en el cual se aprecia, encajado o excavado en el suelo, un antiguo juego de tablero romano.
Estratégicamente, el castillo ha sido siempre importante: la única fuente de agua potable en medio de un desierto enorme. Los nabateos ya lo utilizaban para el control de caravanas, aunque lo perdieron ante los romanos en época de Diocleciano, en el siglo III. Éstos mejoraron la estructura utilizando el basalto local, lo que permitió aprovecharla para posteriores épocas y mejoras, por ejemplo en época bizantina y omeya. La mayor parte del edificio que hoy se conserva es del 1237, cuando los mamelucos rediseñaron y fortificaron la plaza.

Aparte de la guarnición otomana del XVI, el visitante más ilustre fue T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia), quien llegó en el invierno de 1917 y la convirtió en su cuartel general en la gran revuelta árabe que él mismo encabezaba contra el Imperio Otomano. Su oficina estaba en la habitación que hay sobre la puerta de entrada.
En la primera foto se puede apreciar que, sobre la pequeña (y rotunda) puerta principal, hay un par de agujeros almenados, una suerte de orificios que probablemente estaban destinados a duchar con aceite caliente a los visitantes indeseados. Algo que habría venido bien a algunos de los compañeros de Lawrence que murieron de hipotermia (no es una errata) en aquel invierno, en medio del desierto. Por su parte, uno de los supervivientes (al invierno y a la sublevación) es el antepasado del actual guardián del enclave.
autor: phOto
categoría: historia contemporánea
publicado a las 07:18 del día 03/10/06
autor: phOto
categoría: historia contemporánea
publicado a las 00:02 del día 15/09/06

Este mapa de Oriente Medio fue expuesto en el Museo Imperial de Guerra, Londres, desde el 14 de octubre de 2005 hasta el 17 de abril de 2006.
El mapa data de principio del siglo XX, cuando T.E. Lawrence de Arabia lo propuso a sus superiores como la mejor forma de dividir políticamente la zona, con límites por etnias y no por colonias: por ejemplo, permitiendo países diferentes para kurdos, árabes y armenios. No le hicieron caso, y la actual división es lo que conocemos por Iraq.
BBC News
autor: phOto
categoría: historia contemporánea

