publicado a las 09:03 del día 01/10/06
(Traducción del autor del blog del artículo publicado en la librería digital ArchNet)
La aproximación a este palacio rectangular de dos plantas invoca impresiones de grandeza, al estar estratégicamente situado en un alto a unos 15 metros sobre el wadi vecino. Su esplendor se refuerza con la vasta panorámica del desierto que aísla Qasr Kharana de asentamientos humanos a muchos km al norte, 12 km al sur y 30 km al oeste, dejando la vista oriental despejada hasta donde alcanza la vista en el horizonte. La fachada sur contiene la puerta principal, que también es la única. La entrada está centrada y encapsulada por dos contrafuertes semicirculares. Las esquinas se fortifican con contrafuertes de 270º, mientras que hay uno semicircular en el centro de cada una de las otras tres fachadas. Además, líneas de aperturas verticales se ven alrededor de la superficie exterior de la estructura.
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La austera presencia de su exterior se complementa con la sencilla organización interna. Dos habitaciones abovedadas que funcionaban como establos y áreas de almacenamiento flanquean la sala de entrada. El pasillo termina en un patio interior, el cual está rodeado por tres grandes dormitorios en la planta baja y cinco en la superior. Las habitaciones del segundo piso contienen casi todo, y ciertamente el detalle decorativo más pronunciado en el edificio, incluyendo molduras de estuco, medallones esculpidos, y arcadas tanto abiertas como cerradas.
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Puesto que no tiene baños y un limitado abastecimiento de agua (apenas una pequeña cisterna para el agua de lluvia en el patio), Qasr Kharana no tenía un uso permanente. Mientras que algunos expertos sugieren que podría haber tenido un uso defensivo, agrícola y/o comercial, similar a otros palacios omeyas en la gran Siria, nuevos estudios dicen que podría haber sido producto de la regla Sufyánida, un castillo para celebrar encuentros y solucionar disputas de Damasco con los clanes beduinos de la zona. Esto supondría que se data en el período inicial omeya (hay una inscripción del 710). La situación remota pero claramente visible, junto a la disposición y organización del edificio, demuestran tal aseveración, aunque es vagamente discernible el uso de cada habitación.

Respecto a Qasr Kharana y otros palacios omeyas en la región, parece un modelo de los otros, pues apenas es un cuarto del tamaño de otros ejemplos posteriores en el tiempo. Esto indica que podría haber representado un estándar formal para los edificios islámicos en desarrollo, como los edificios seculares omeyas, que muestran refinamientos de formas decorativas y arquitectura encontrados en Qasr Kharana.

Aunque está muy bien conservado, algunos esfuerzo de restauración contemporáneos han enmascarado algunas de sus características originales, alterando el espíritu y el uso inicial de muchas de las habitaciones.
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autor: phOto
categoría: castillos
publicado a las 07:44 del día 29/09/06
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El más famoso complejo omeya que resiste en el desierto jordano son los baños del castillo (qasr) Al Amra, una pequeña estructura anidada en una amplia depresión a 85 km al este de Ammán, y a 21 km al suroeste del oasis Azraq, a lo largo de la autopista que las enlaza [y que lleva a Iraq]. Aunque el edificio de caliza y basalto no impresiona particularmente desde el exterior, sus muros y techos interiores muestran un deslumbrante grupo de frescos pintados hacia la mitad del siglo octavo, con fragmentos de mosaicos peor preservados, como la piedra tallada y los revestimientos de mármol. El arte de los frescos es importante no sólo por la información que proveen sobre la cultura y los gustos de los notables que construyeron estos complejos; también muestran la cercana relación de la dinastía omeya con las tradiciones clásica y bizantina que había heredado, así como las influencias contemporáneas de Mesopotamia, Persia y otras civilizaciones orientales.

El complejo Al Amra, conocido de antiguo y utilizado por los nómadas nativos, fue descubierto para Occidente por el erudito checo Alois Musil en 1898. Se limpiaron meticulosamente los frescos y se preservaron entre 1971 y 1973 por un equipo del Museo Arqueológico Nacional [que está en la calle Serrano: el propietario de la Dama de Elche], bajo la dirección de Martín Almagro.

Se cree que Al Amra fue construido durante el reinado del Califa Walid I, constructor de la Gran Mezquita Omeya de Damasco [e inductor de la invasión de la Península Ibérica en el 711, en el futuro Al-Ándalus]. Algunos estudiosos creen que pudo haberlo construido su tío, Walid II (743-744).

El complejo comprendía los baños, una sala de audiencias anexa y habitaciones para el servicio, el sistema hidráulico, todo en una zona amurallada, y un pequeño edificio residencial cuadrado, como un fuerte o puede que un caravanserai, y una torre vigía (o quizá una mezquita) cercana en las colinas que hay al noroeste, donde probablemente vivían el personal y las tropas del dueño de Al Amra. También hay trazas de lo que alguna gente cree que es un antiguo dique y muros de contención que delineaban un área agrícola de unas 25 ha.

El sistema hidráulico del siglo VIII incluye un pozo circular de 40 metros de circunferencia, y restos de la saqiya o máquina de elevar el agua, aún marcada por el círculo que las bestias de carga iban marcando para subir el agua y enviarla a través de tuberías de cerámica hacia los baños o el aljibe adyacente en el exterior.
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La sala de audiencias está aislada por tres veces, y es rectangular y espaciosa. Sus muros y techos están cubiertos de frescos relativamente bien conservados, que muestran varias escenas típicas de la decoración omeya: escenas de caza, de baño, y el famoso fresco de los Seis Reyes, con inscripciones griegas y árabes bajo efigies de César -como se llamaba entonces a los emperadores bizantinos-; el rey sasánida [persa] Kisra; el último rey visigodo español, Rodrigo, asesinado por Walid I en 711; el Negus de Abisinia [Etiopía]; las dos figuras restantes se cree que pertenecen al emperador de China y al rey de los turcos. La sala de audiencias también tiene frescos de la Victoria, asistida por sirvientes y flanqueada por pavos reales; enormes luchadores; ángeles volando; leones pacientes; bailarinas y músicos; alguien sentado en un trono bizantino; perros saluqi que cazan desventurados hemiones; figuras femeninas que personifican la Poesía, la Historia y la Filosofía, de acuerdo con las inscripciones griegas que las acompañan; un leon atacando un caballo; y 32 paneles individuales que muestran artesanos en varios momentos del proceso de construcción, incluyendo carpinteros, herreros y albañiles.

Los baños fueron típicos del período, y consisten en una habitación para cambiarse o apoditerium; la sala tibia o tepidarium, con su suele elevado para permitir al aire templado circular entre los clientes; y la habitación caliente o calidarium, la más cercana al horno. Los frescos en los baños muestran igualmente una amplia variedad de motivos y estilos, incluyendo tres bustos que supuestamente representan las tres épocas de los humanos: niño, joven y adulto; escenas pastorales que recuerdan a las de los mosaicos bizantinos de las iglesias de la región, en los varios siglos antes y durante la era omeya.

Muchos consideran la cúpula sobre el calidarium como la más agradable combinación de arquitectura y arte. Presentada como la Cúpula del Cielo, y pintada con las constelaciones del hemisferio norte acompañadas de los signos del zodíaco, se cree que es el modelo más antiguo de representar la bóveda celeste en forma hemisférica en lugar de superficie plana, como había sido frecuentemente realizado por las civilizaciones precedentes.

Oleg Grabar sugirió que la ascendiente aristocracia omeya de principios del siglo VIII recondujo la antigua herencia cultural del país, para producir un nuevo y rico repertorio iconográfico. Por su parte, Ghazi Bisheh, propuso que está basado en la tradición grecosiria. El Dr. Fawzi Zayadine, subdirector del Ministerio de Antigüedades de Jordania, dice que los "frescos de Amra pueden ser considerados un renacimiento artístico del arte heleno en el siglo VII, estimulado por la esperanza y la sensibilidad de los omeyas". Martín Almagro, quien trabajó con colegas españoles en los frescos durante 3 años, dice que Amra es un "monumento clave para comprender el arte árabe más primitivo, que aún estaba en transición entre la personalidad de la cultura bizantina y el descubrimiento de su propia inspiración".

Este texto es una traducción del autor del blog de un artículo de Rami Khouri.
autor: phOto
categoría: castillos