qasr Azraq
publicado a las 19:40 del día 04/10/06
autor: phOto
categoría: historia contemporánea
El último de los tres castillos del desierto que visitaremos el día de navidad será el más importante de ellos: el qasr Azraq o castillo azul. Aunque está construido en basalto negro, recibió el nombre ya de antiguo, porque está situado en el único oasis en 12 000 km2 de desierto, en la carretera de Ammán a Iraq, a unos 100 km de la capital jordana.

El castillo es una estructura cuadrada de 80 metros de largo, amurallada y con un gran patio central. En medio del patio hay una pequeña mezquita que probablemente data de época omeya. En cada esquina de la muralla hay una torre ovoidal. La entrada principal comprende una enorme bisagra de un bloque de granito, que lleva a un vestíbulo, en el cual se aprecia, encajado o excavado en el suelo, un antiguo juego de tablero romano.
Estratégicamente, el castillo ha sido siempre importante: la única fuente de agua potable en medio de un desierto enorme. Los nabateos ya lo utilizaban para el control de caravanas, aunque lo perdieron ante los romanos en época de Diocleciano, en el siglo III. Éstos mejoraron la estructura utilizando el basalto local, lo que permitió aprovecharla para posteriores épocas y mejoras, por ejemplo en época bizantina y omeya. La mayor parte del edificio que hoy se conserva es del 1237, cuando los mamelucos rediseñaron y fortificaron la plaza.

Aparte de la guarnición otomana del XVI, el visitante más ilustre fue T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia), quien llegó en el invierno de 1917 y la convirtió en su cuartel general en la gran revuelta árabe que él mismo encabezaba contra el Imperio Otomano. Su oficina estaba en la habitación que hay sobre la puerta de entrada.
En la primera foto se puede apreciar que, sobre la pequeña (y rotunda) puerta principal, hay un par de agujeros almenados, una suerte de orificios que probablemente estaban destinados a duchar con aceite caliente a los visitantes indeseados. Algo que habría venido bien a algunos de los compañeros de Lawrence que murieron de hipotermia (no es una errata) en aquel invierno, en medio del desierto. Por su parte, uno de los supervivientes (al invierno y a la sublevación) es el antepasado del actual guardián del enclave.

El castillo es una estructura cuadrada de 80 metros de largo, amurallada y con un gran patio central. En medio del patio hay una pequeña mezquita que probablemente data de época omeya. En cada esquina de la muralla hay una torre ovoidal. La entrada principal comprende una enorme bisagra de un bloque de granito, que lleva a un vestíbulo, en el cual se aprecia, encajado o excavado en el suelo, un antiguo juego de tablero romano.
Estratégicamente, el castillo ha sido siempre importante: la única fuente de agua potable en medio de un desierto enorme. Los nabateos ya lo utilizaban para el control de caravanas, aunque lo perdieron ante los romanos en época de Diocleciano, en el siglo III. Éstos mejoraron la estructura utilizando el basalto local, lo que permitió aprovecharla para posteriores épocas y mejoras, por ejemplo en época bizantina y omeya. La mayor parte del edificio que hoy se conserva es del 1237, cuando los mamelucos rediseñaron y fortificaron la plaza.

Aparte de la guarnición otomana del XVI, el visitante más ilustre fue T.E. Lawrence (Lawrence de Arabia), quien llegó en el invierno de 1917 y la convirtió en su cuartel general en la gran revuelta árabe que él mismo encabezaba contra el Imperio Otomano. Su oficina estaba en la habitación que hay sobre la puerta de entrada.
En la primera foto se puede apreciar que, sobre la pequeña (y rotunda) puerta principal, hay un par de agujeros almenados, una suerte de orificios que probablemente estaban destinados a duchar con aceite caliente a los visitantes indeseados. Algo que habría venido bien a algunos de los compañeros de Lawrence que murieron de hipotermia (no es una errata) en aquel invierno, en medio del desierto. Por su parte, uno de los supervivientes (al invierno y a la sublevación) es el antepasado del actual guardián del enclave.

